N 0 V E N A

 
                                          A  LA  SANTÍSIMA  VIRGEN  DEL CLAUSTRO
                                                                   Por el M. 1. Dr. D. Salvador Rial

                                                                                        D E Á N

                                                              de la S. M. y P, Iglesia Catedral de Tarragona
 
 
 

                                                                                       2.' Edición.

                                                                                  T A R R A G 0 N A
                                                                              Suc. de Torres y Virgili
                                                                                           1951

La presente Novena fue compuesta  por su Autor estando preso por los rojos en el barco "Río Segre', anclado en el Puerto de Tarragona, y  se rezó por vez primera en la misma prisión, por presos de esta ciudad, en los mismos días en que suele celebrarse todos los años solemnemente en la Catedral

Forma parte del Devocionario Mariano que con el título, "Dulce Solaz en horas amargas, compuso el mismo Autor en el barco referido. y en el "Mahón", habiéndose añadido posteriormente las `Lecturas históricas" sacadas del folleto del Muy Ilustre. Dr. Don  Antonio Balcells,  “ La Virgen de Tarragona”.

 

                                                 Oraciones para todos los días

Acto de contrición

                                                                  ORACION DE SAN BENARDO

Acordaos. oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, Implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro auxilio, haya sido abandonado de Vos Animado con esta confianza, a Vos recurro, oh Madre, Virgen de las Vírgenes; a Vos vengo, ante Vos me presento, gimiendo pecador. No despreciéis, íoh Madre del Verbo!, mis palabras, antes bien oídlas propicia y acogedlas favorablemente. Así sea.

(Sigue la Meditación propia para cada día, con las Jaculatorias, Obsequios, Lectura histórica y oración)

                                                                                      Deprecaciones

1. Dulcísima Virgen de] Claustro, Reina y Madre de Tarragona: Por el ardiente amor divino con que disteis carne humana al Hijo de Dios, alcanzadnos la vida divina de la gracia. Ave María,

2. Dulcísima Virgen del Claustro, Reina y Madre de Tarragona: por el materna] amor con que nutristeis al Hijo de Dios hecho Hijo vuestro, nutrid nuestras almas con el pan de la doctrina cristiana. Ave María.

3. Dulcísima Virgen del Claustro. Reina y Madre de Tarragona: por el amor tierno con que acariciasteis al Hijo de Dios hecho Hijo vuestro, dadnos consuelo en las horas amargas de la vida. Ave María.

4. Dulcísima Virgen del Claustro, Reina y Madre de Tarragona: por el amor generoso con que en el templo ofrecisteis el Hijo de Dios hecho Hijo vuestro, ofrecednos al Eterno Padre y despertad en nosotros generosos ofrecimientos de todas nuestras cosas, y de nuestra propia vida. Ave María.

5. Dulcísima Virgen del Claustro, Reina y Madre de Tarragona: por el amor afligido con que salvasteis la vida del Hijo de Dios hecho Hijo

vuestro, defended solícita nuestra vida sobrenatural en los combates del alma. Ave María.
6. Dulcísima Virgen de¡ Claustro, Reina y Madre de Tarragona: por el amor solícito con que buscasteis al Hijo de Dios hecho Hijo vuestro, buscadnos ansiosa cuando estamos alejados de Dios por el pecado, y alcanzadnos el arrepentimiento, el perdón y la enmienda de la vida. Ave María

7. Dulcísima Virgen del Claustro, Reina y Madre de Tarragona: por el amor compasivo con que socorristeis en toda necesidad al Hijo de Dios hecho Hijo vuestro, sed también nuestro seguro refugio y poderoso auxilio en todas las tribulaciones de la vi da. Ave María.

8. Dulcísima Virgen del Claustro, Reina y Madre de Tarragona: por el amor heroico que os llevó al Calvario para asistir al Hijo de Dios hecho Hijo vuestro, asistidnos también en nuestras enfermedades y en las angustias de la muerte. Ave María.

9. Dulcísima Virgen del Claustro, Reina y Madre de Tarragona: por el amor consumado con que en el cielo gozáis del Hijo de Dios hecho Hijo vuestro, alcanzadnos gozar de Jesús en el cielo, y que allí no falte ninguno de vuestros hijos de Tarragona. Ave María.

Oración final
Santa María, socorred a los pobres, fortaleced a los débiles, consolad a los tristes. Regad por el pueblo, intervenid por el clero. interceded por el devoto sexo femenino. Sientan vuestro auxilio todos cuantos celebran vuestro Santo Patrocinio. Así sea.

Nuestra Señora del Claustro, rogad por nosotros. (Se dice tres veces).

Salve Regina,
 
 

                                                                    Meditaciones para cada día de la Novena

 
                                                                              DIA PRIMERO
                                                                                La Maternidad de María

Devoto de Maria: Contempla la imagen de la Virgen del Claustro. La Inmaculada Doncella sostiene en sus brazos al Niño Jesús, y le alimenta. Te admite en su presencia, fija en ti su dulce mirada, porque es Madre de Dios y Madre tuya.

1. María es Madre divina por razón del fruto de su Maternidad. Jesús, el Hijo de María, es

también Hijo de Dios. María es invocada no sólo Mater Christi, Madre de Cristo, sino también Dei Genitrix, Madre de Dios.
María es Madre divina por la causa de su fecundidad. María concibió Jesús no Por virtud natural, ni por concurso humano, sino por virtud de¡ Espíritu Santo. Y con doble milagro, porque fue Madre sin detrimento de su virginidad, como el árbol da su fruto sin corromperse, como el lirio despide su perfume sin marchitarse, como la estrella envía su rayo de luz sin destruirse. Por doble concepto, pues, Jesús es la flor de una Virgen.
Considera la suma perfección y la gloria inefable que Dios quiso en María por ser Madre de su Hijo, Ella, después de la Humanidad de Jesús, ese¡ mayor milagro del Poder divino. La Liturgia y los grandes Doctores la ven simbolizada por lo más bello y más grande que hay en el mundo: flores corno el lirio y la rosa; árboles como el cedro y la palmera; montes como el Carmelo y el Líbano; mares inmensos; el sol. su vestidura, las estrellas, su corona; los ángeles sus cortesanos y servidores... Su humildad atrajo el Verbo de Dios a su seno; su pureza la hizo digna habitación del Redentor; su caridad, más ardiente que los Serafines, fundió su Corazón de Santa y de Madre con el Corazón de Cristo que en Ella se formó.

Reconoce y admira, cristiano, la dignidad excelsa de la Madre de Dios, alégrate por ella; venérala con devoción, y da gracias a Dios por la prodigalidad con que ha mostrado en María sus riquezas inefables. Pero alégrate así mismo por la dignidad inmensa que por ella te corresponde, porque María, la Madre de Dios, es asimismo tu Madre.

2. María es Madre de todos los hombres. Tal fue constituida al encarnarse en Ella el Verbo Divino; tal la proclamó en momentos solemnes el Hijo que lleva en sus brazos; tal la consagró el Espíritu Santo el día de Pentecostés. Todos podemos decir con el angelical S, Estanislao: "La Madre de Dios es mi Madre".

Considera cuán inmenso tesoro tienes en María. Ella es la Madre más poderosa, con poder de autoridad, con poder de providencia, con poder de intercesión. Tu Madre es Soberana, es Auxilio seguro, es Medianera eficaz.

María es la Madre más sabia. Jesús, al recibir de María el denso velo de la carne, la llena de los esplendores de su divinidad, como sol que penetra las nubes y las llena de su claridad. María, con luz divina, conoce bien a Dios. conoce bien a sus hijos, te conoce a tí, tal como eres, con tus defectos, con tus pecados. con tus miserias, con tus dolores...
María es la Madre más cariñosa. El amor más dulce, más compasivo, más ínflamado. es el dote esponsalicio que le dió el Espíritu Santo. El Señor, al hacer fecunda una madre, ciñe su frente con la diadema de la autoridad y enciende en su corazón llamas de amor para los hijos. Y el Señor encendió estas llamas en el corazón de su Madre en proporciones gigantescas, propias de la universalidad. de la perpetuidad, y del carácter esencialmente misericordioso y redentor de su Maternidad humana.
Devoto de la Virgen del Claustro: "Ecce Mater tua". He aquí tu Madre. Venérala con toda piedad. obedécela con entera sumisión; ámala con todas tus energías; acude a Ella, muy confiado. en todas tus necesidades. Y al ver quién es tu Madre, y lo mucho que hace por ti, adora a Jesús y dale gracias por la preciosa dádiva con que te enriqueció en el Calvario.

(Medítese, etc.).

Jaculatorias. 'La Madre de Dios es mi Madre".

María, Madre de Dios y Madre de Misericordia, rogad por nosotros y por los difuntos,
Obsequio. Rezarás tres veces la Salve en honor de la Maternidad de María.
Lectura histórica.
 
                                                      La Santa Imagen de la Virgen del Claustro

Probablemente data del siglo XI o XJI.

Mide 0´90 m. de alto y, según la costumbre de la escuela bizantina a que pertenece, está sentada, y con el Niño Jesús en brazos. Es de una madera de color oscuro, parecida al nogal, que parece ser el Crebol o acebo. En los ropajes policromados de oro, la túnica de la Virgen es de un fondo rojizo, ceñida a la cintura y cayendo en graciosos pliegues hasta los pies que se dejan ver calzados con ligeras sandalias. El manto, de fondo azulado, cuelga sobre los hombros; cubriendo el brazo izquierdo, se repliega sobre la falda, y cayendo por la derecha hasta el pie, se recoge algún tanto hacia la cintura y deja libre la mayor parte del brazo. El Niño Jesús, de ropajes también policromados de oro, lleva un manto de fondo morado que, suspendido por el hombro derecho, se cruza graciosamente por debajo del brazo izquierdo, dejando ver una túnica de fondo azul, y por debajo de ésta unos pies descalzos.
La cabeza de la Madre está cubierta con una toquilla blanca, hasta casi tocar los hombros, con dos trenzas de cabello partido sobre la frente, y que bajan hasta el cuello entre la toca y el rostro; y la del divino Infante descubierta, con cabello largo y graciosamente rizado, que lleva sujeto por una estrecha cinta alrededor de la cabeza. Los rostros de ambas imágenes. de color moreno y terso como el cristal, ofrecen un semblante apacible y risueño, que traslucen un sentimiento místico, que a los mismos imprimiera la piedad del artífice. Los ojos de la Virgen, rasgados y expresivos, como arrobada en amoroso y divino éxtasis, están fijos como en un objeto misterioso y sobrenatural, y van acompañados por el suave sonreir de unos labios entreabiertos, corno expresión del inmenso júbilo que experimentó al amamantar a su Dios. Jesús toma el pecho a su Madre, mirándola a la vez con inefable cariño, con un no sé qué de sobrenatural y divino, que retrata la complacencia que le causan las singulares prerrogativas de María y su propia humillación, al verse Dios hecho tierno niño.

(M. I. Dr. Balcells - "La Virgen de Tarragona, pág. 15)
 

                                                                                  ORACION

¡Oh María!: La sublimidad de vuestra grandeza me admira; el esplendor de vuestra gloria me deslumbra; la pequeñez de mi ser me confunde y anonada ante Vos. ¿De dónde a mí tanta dicha que la Madre de Dios sea mi Madre? Vos, oh María, sois mi Madre, y yo no soy digno de ser hijo vuestro, porque soy gran pecador. Pero sois Madre de Misericordia, y esto me anima y me lleva a vuestra presencia. ¡Oh María! Vos sois mi Madre; aquí me tenéis; espero sentir los latidos de vuestro corazón. Ejerced siempre en mí oficios de Madre

Para más obligaros, os saludo con las siguientes Deprecaciones  (ver anteriormente).

                                                                      DIA SEGUNDO

                                                                         María Madre de los niños

1 Las almas de los niños son encanto de las almas puras. La infancia es una concentración de la vida humana. En este período de la vida están contenidas todas las energías del hombre, como la belleza de la flor, y los matices de su color y la suavidad de

su perfume están contenidos en el capullo.
La infancia es una revelación celestial. El niño es corno rocío caído del cielo. En el alma de los niños se revela algo de la grandeza divina, como en el agua cristalina se refleja el azul de] firmamento y el esplendor de los astros. El niño es naturalmente piadoso, instintivamente fija en el ciclo su mirada, como sintiendo la fuerte atracción de Dios que le creó, y que te destina a Sí como a fin último, y que por tanto le infundió celestiales aspiraciones. El corazón W niño es naturalmente puro y sobrenaturalmente santo por la gracia del Bautismo. mientras el pecado no mancha su alma, es humilde, es sencillo, tiene ingenuidad encantadora..

Por esto, Dios se complace en escuchar las plegarlas de los niños; y Jesús era el amigo de los niños; y predica que de ellos es el reino de los cielos; y asegura que para nosotros no habrá entrada en la gloria, si no tenemos la humildad, la sencillez y la pureza del niño.

La Virgen del Claustro lleva un Niño en sus brazos; es Jesús, el amigo de los niños, el representante de los niños, el Salvador de los milos. Siendo María la Madre de Jesús Niño. es por lo mismo la Madre de todos los niños; y si una madre digna y excelsa es la gloria de sus hijos, María es la gloria de los niños.

Niños de Tarragona: aquí está vuestra Madre y vuestra gloria: amadla y acercaos a Ella, ante su imagen del Claustro. Padres de familia de Tarragona: presentad y ofreced vuestros hijitos a la Virgen del Claustro, e infundid ferviente devoción en aquellos tiernos corazones. Devotos de María: acudid a la Virgen del Claustro y pedidle la gracia de ser como niños, tales como os quiere Jesús para introduciros en su reino.

2 La infancia, la más bella edad de la vida, es también la más sujeta a necesidades y peligros en lo temporal y lo espiritual.

El niño no puede valerse de sí para nada; en todo necesita de los demás: alimento, vestido, instrucción...; en su primeros períodos, ni siquiera puede sostenerse en pie.
Su alma, tierna, carece de energías intelectuales y morales que le permitan sustraerse a la in. fluencia de los peligros, y neutralizar sus efectos.
El niño se ve rodeado de peligros por todas partes. Peligros en lo que ve y en lo que oye; peligros en las amistades que contrae. en las diversiones a donde se le lleva, o que se le permiten; peligros en la calle, en la escuela, en su propio hogar, tal vez por la negligencia de los padres, tal vez por positivos escándalos de los mismos... Qué te dice sobre esto tu conciencia, padre o madre que esto meditas? ¡Ay de los padres negligentes u olvidados de su deber! ¡Ay de los que escandalizan a los pequeñuelos! Pobres niños, que en todas partes y de diverso modo son más perseguidos que los inocentes degollados por Herodes! ¿Quién tomará a su cargo defenderlos?

La Virgen del Claustro es la gran defensora de los niños de Tarragona, como en otro tiempo fue la defensora y guardiana del Niño Jesús, salvándole de la ferocidad de Herodes. Presentadle, pues, a María vuestros niños; consagradlos a su dulce piedad; fomentad en ellos la más ferviente devoción; colgad de su cuello la medalla del Claustro; inscribidles en su Cofradía; acompañadles a visitar la celestial Madre; mostradles su imagen, diciéndoles: «Hijo mío, esta es tu Madre del cielo-, a Ella debes más que a mí; yo soy tan sólo representante y enviada de Ella, para cuidarte, protegerte en todo... ; y después de estas breves reflexiones, rezad con ellos tres Ave Marías. Así vuestros hijos hallarán en la Virgen del Claustro segura protección y defensa.

(Medítese, etc.).

Jaculatorias. La Madre de Dios es mi Madre.

Madre mía: aquí está vuestro hijo; conservad y defended mi sencillez y mi caridad.
Obsequio. Rezar con los brazos extendidos cinco veces la Salve, pidiendo por los niños de Tarragona.
Lectura histórica.
                                                    Aparici6n de la Virgen del Claustro a un niño

En 9 de Noviembre de 1697, un niño de tres años, hijo de D, Honorato Fontanet. cayó de un balcón alto de una casa, Los que le vieron caer y oyeron el golpe, sin detenerse bajaron al huerto, creyéndole aplastado, y encontráronle vivo y alegre, completamente ileso, sin herida ni señal de la caída en todo el cuerpo; y oyendo que se lamentaban y te preguntaban si se había hecho daño, contestó que no, porque "una Señora le había sostenido del brazo hasta llegar a tierra", y sin que supiera decir quién era la tal Señora, ni dar de Ella señal alguna.

Sus padres. muy devotos de la Reina de los cielos, no dudaron que la Señora, que así se habla aparecido a su hijo, librándole de los efectos de la caída, era María Santísima. Para cerciorarse más de ello, llevaron el niño a la Catedral, y te fueron mostrando una por una las distintas imágenes de la Madre de Dios que en la misma se veneran. preguntándole en cada una de ellas si era aquella la Señora que lo había sostenido al caerse. El niño no sólo contestaba resueltamente que no, sino que se impacientaba y se quejaba del interrogatorio a que le sujetaban, de tal manera que tuvieron que pensar en retirarse; mas al realizarlo, ¡cuál no sería su sorpresa, citando, al pasar por delante de la Santa Imagen del Claustro, el niño comenzó a saltar y a dar voces de alegría, asegurando que aquella era la Señora que le había salvado!

(Obra citada, pág. 131),

                                                                                         ORACION

¡Oh María, Madre de los niños!; Proteged las más lindas flores de vuestro jardín! Defended su inocencia, y llevadles al conocimiento y amor de vuestro Hijo. el Niño Jesús; y a los que ya no somos niños por la edad, hacednos niños por la humildad, por la pureza y por las demás virtudes infantiles, para entrar un día en el reino de los cielos. Así sea.

Y para más obligaros... (v. p. 6).

                                                                          DIA TERCERO

                                                                         María, Madre de los jóvenes

1 La edad juvenil es de relevante interés en la vida humana. En ella, las perfecciones de la infancia aumentan en fuerza yen expresión; capullos que se abren al calor de] sol, muestran la belleza y despiden el perfume con que los enriqueció el Criador. Inteligencia, voluntad, fantasía. sentimiento, energías físicas..., todo se despliega con encantos que cautivan los corazones.

Jesús sintió intensamente los atractivos de la juventud. Joven fue su apóstol predilecto. Jóvenes fueron el resucitado de Naim, la resucitada hija de Jaíro, la hija de la Cananea, y muchos otros, en los cuales, con ruidosos milagros, tan espléndidamente mostró el joven Jesús divinos tesoros de Poder y Amor.

También María siente para los jóvenes intensos afectos de maternal amor. jóvenes y doncellas: ¡ah si conocieseis el honor y gloria que tenéis en María! ¡Si recordaseis que también Ella  fue jovencita, y que su juventud aparece coronada con el nardo de su humildad, con la azucena de su pureza y con la rosa de su caridad divina, sin que jamás se marchitasen estas flores! ¡Si tuvieseis presente que Ella fue quien enarboló el estandarte de la castidad virginal, y es con razón invocada Virgen poderosa, Virgen clemente, Virgen fiel, Virgen de las Vírgenes, Reina de las Vírgenes! ¡Si supieseis lo mucho que os ama, lo mucho que se preocupa de vosotros, lo mucho que ruega por vosotros!  ¡Cuánta devoción le profesaríais! ¡Cómo amaríais sus Congregaciones! ¡Con qué santo orgullo llevaríais su medalla¡ ¡Con qué constancia y fervor asistiríais a sus actos! ¡Con qué fidelidad cumpliríais los deberes de piedad y de celo!

¿Cómo te has portado con María? ¿Has correspondido a su solicitud maternal? ¿Te has hecho digno del título de hijo suyo? Piénsalo bien.

2 Los más selectos árboles y las más delicadas flores, necesitan de particulares cuidados y de seguras defensas. Las heladas, los vendabales, y los fuertes calores, pueden fácilmente destruirlos. Así es en la edad juvenil.

Los jóvenes se ven forzados a sostener en la vida cristiana tres durísimos combates. de cuyo éxito depende el porvenir de su vida. Son los combates contra la piedad, contra la pureza y contra la fe. Joven o doncella que abandona la piedad. fácilmente es vencido por la lujuria; joven o doncella caído en el asqueroso abismo de la lujuria, fácilmente acaba por perder la fe. Este es el proceso ordinario en las graves crisis de la vida cristiana. Es lección divina. confirmada por la experiencia de todos los días.

María es la segura defensa de la juventud en las luchas de la vida cristiana. Ella es la Madre de la castidad. Madre purísima, Madre castísima. Madre inviolada, Madre incorrupta, Madre inmaculada. Ella es la Madre de la fe, divina iluminadora de las almas, porque es el Solio donde se sienta Jesús, la sabiduría de¡ Padre, Maestro, Autor y Consumador de nuestra fe.

Devoto de María que sufres los combates críticos de la juventud: He aquí a tu Madre. Puesto ante su amorosa presencia, examina tu conducta y mira cómo tratas los encantos de tu juventud. ¿Contrastan ellos con una conducta pecaminosa?

«Cómo te portas en materia de piedad? ¿Eres vencedor o eres vencido en los combates contra la

castidad?, ¿en los peligros?, ¿en las ocasiones?, ¿en las lecturas, diversiones, amistades, y demás lazos que tan insidiosamente preparan el mundo y el demonio, explotando los estímulos de la carne? ¿Te conservas firme y robusto en la fe?
María es forjadora de atletas, de héroes y de mártires en las falanges juveniles. Ponte, pues, bajo su amparo, y en Ella encontrarás defensa y victoria. Es tu Madre, y en su Capilla de¡ Claustro está su hogar dulcísimo y confortante; visítala, pues; invócala muy devoto; inscríbete en su Cofradía. Si para tí son ya marchitas las flores de la juventud, si estás en la madurez de la vida, o has pasado ya los sombríos umbrales de la vejez, no dejes de hacer penitencia por tanto tiempo perdido en la juventud, y no dejes de rogar por los que se encuentran rodeados de las ilusiones y de los peligros de tan envidiada época de la vida.

( Medítese. etc.).

Jacii1atorias. La Madre de Dios es mi Madre.

Santa María, Virgen de las Vírgenes, rogad por nosotros.
Obsequio. Para implorar de María la conversión de los jóvenes pervertidos, hoy te privarás de¡ manjar que más te plazca, no siendo cosa necesaria para tu salud, o bien practicarás alguna otra mortificación corporal.

Lectura histórica.

                                                          la Virgen U Claustro socorre a un joven

El día 4 de Agosto de 1671, un joven llamado Mariano, Llagostera, natural de¡ pueblo de La Riera del Gayá, entró con algunos compañeros a nadar en el sitio llamado Platjes Llargues, que es el trozo de la costa más allá de Tamarit. La resaca de las olas del mar era muy pronunciada; y arrastrando a dicho joven hasta muy lejos, le sumergió en el fondo del mar. Los compañeros creyéronle ahogado; pero invocaron a la Virgen del Claustro y pidieron auxilio a tinos marineros, que no pudieron sacarle de debajo del agua hasta pasadas dos horas. Trajéronle a la playa sin sentido y teniéndole por muerto;  pero al poco rato volvió en sí, asegurando que también él al sumergirse invocó a la misma Virgen; y en agradecimiento vino a visitar la Santa Capilla, haciendo cantar una misa,

(Obra citada, pág. 169).

                                                                                        ORACION

¡Oh María, gloriosa Madre de la juventud! Mirad el sinnúmero de peligros en que se hallan los jóvenes de ambos sexos, y los durísimos combates que deben sostener en este período de su vida. Sed para ellos Estrella del mar, seguro refugio, firme defensa y completa victoria. Enardeced su piedad, conservad su castidad, avivad su fe. Alentados por vuestra protección, triunfen en vida y en la llora de la muerte, y sean después las más ricas perlas de la diadema imperial que ciñe vuestra frente en el cielo. Amén.

Y para más obligaros... (p.6).

                                                                      DIA  CUARTO

                                                               María, Madre de las familias cristianas

1. Misteriosa y divina es la relación que existe entre la Virgen María y el Matrimonio cristiano; por ella es María la Madre del hogar.

El principal oficio del matrimonio cristiano es oficio de naturaleza; pero está inseparablemente, enlazado con el orden de la gracia, porque el hombre tiene destino sobrenatural, y el orden de la gracia tiene su centro en Jesús con María y por María.
El Matrimonio cristiano simboliza también la unión de Jesús con el linaje humano en la Iglesia, y la unión del Espíritu Santo con nuestras almas por la gracia; pero estas uniones no se realizan sin la cooperación de María, cooperación de voluntad, cooperación de sufrimientos, cooperación de plegarias, cooperación de amor.

María es la dulce Madre de los que viven en el Matrimonio cristiano, y su más excelso honor después de Jesús. Títulos sobrados podía alegar la celestial Señora para asistir a las bodas de Caná, presidiendo con Jesús la celebración de aquel Matrimonio y mostrando allí. por vez primera, el poder de su mediación.

Esposos cristianos: María es vuestra Madre aún en el estado de Matrimonio, María es vuestro honor y vuestra gloria. Acudid a María para conservaros con dignidad en vuestra vida conyugal.

2. Considera los graves deberes que derivan de¡ Matrimonio cristiano. Dios ha instituido e) Matrimonio, no para fines humanos y egoístas de los casados, sino para que éstos sean dignos instrumentos de la Providencia, fidelísimos cooperadores de su acción constantemente creadora de almas y conservadora de] linaje humano, sin que jamás sea lícito a los esposos contrariar directamente esta santa y sublime ordenación divina.

De aquí deriva en los esposos el deber gravísimo de la educación de los hijos: formarlos espiritualmente para Dios, como los formaron corporalmente; encaminarlos al cielo, instituirlos en la Religión, cultivar el jardín de su corazón que Dios tanto embelleció con abundante siembra de virtudes, corregir vicios y defectos y alejarlos de todo peligro; educarlos. en fin, con el ejemplo. con la vigilancia, con el consejo, con la instrucción, aún con el castigo si fuere conveniente. Y, para cumplir tan sagrados deberes son necesarias grandes virtudes: fe viva, confianza en Dios, abnegación, fortaleza, espíritu de sacrificio...

Padres de familia, mirad la Virgen del Claustro; ¡he aquí vuestra Madre! Ella está en actitud de cumplir un importante oficio maternal: amamantar al hijito. María vivió en Matrimonio que el buen Dios bendijo en forma sin igual, haciendo florecer en el seno de un Matrimonio virginal.
Matrimonio de ángeles, el mismo Hijo de Dios hecho Hombre. Y así María, como José, cuidan del Divino Niño, alimentándole, atendiendo a las humanas necesidades a quién quiso sujetarse para ejemplo y aliento nuestro, y aún atendiendo a las necesidades de orden espiritual, a la instrucción, para dar a Jesús Hombre la ciencia experimental compatible con la divinidad de su Persona, y preparando su alma humana a la Misión redentora que le confió el Eterno Padre.
Imitad a la Virgen María, es Dios quién os ha dado los hijos que tenéis. Debéis recibirles como don de Dios. Y como don de Dios debéis guardarles, cuidarles y educarles santamente. Debéis consagrarles a Dios y a la Virgen Madre; instruirles aún personalmente en el Catecismo; vigilar sobre sus compañías, diversiones, lecturas, y sobre los demás actos de su vida: corregirles, en fin, eficazmente, si se desvían.
¿Cómo habéis cumplido estos deberes? ¿Cómo reparáis los estragos de pasadas negligencias?
Meditadlo seriamente a los pies de la Virgen del Claustro; pedid por su mediación el perdón de la Misericordia divina, y las virtudes convenientes para cumplir vuestra misión, y conseguir que vuestros hijos sean vuestra preciosa corona en la tierra y en el cielo.
(Medítese.....)
Jaculatorias. La Madre de Dios en mi Madre. María, Madre de Amor, de Dolor y de Misericordia, rogad por nosotros.
Obsequio. Ofrece a María tus sufrimientos a favor de los padres de familia, para que cumplan bien sus deberes.
Lectura histórica
                                    La Virgen del Claustro consuela a un matrimonio afligido

En cierta población del Campo de Tarragona, vivía un matrimonio que, después de muchos años de vida conyugal, no habían podido lograr fruto de bendición. Pueden imaginarse cual sería la aflicción de aquellos cónyuges, que como eran buenos cristianos, acudían frecuentemente y fervorosamente al cielo, para que le atendiera en sus necesidad.

Visitas de santuarios los más venerados, invocación de los santos milagrosos, dádivas repetidas, penitencias y sacrificios rigurosos, promesas muy notables; todo había sido en vano. En esto, llegaron a su noticia los prodigios que continuamente obraba la Virgen del Claustro; y movidos de gran confianza en su poder, resolvieron enseguida acudir a su protección. Al efecto; vinieron a esta ciudad, y entrando en la Santa Capilla, puestos de rodillas, empezaron una novena, con el más feliz éxito. Un robusto niño llenó de alegría a toda la familia, en la cual se guardó desde entonces profunda devoción y gratitud a nuestra Virgen.
                                                                                         Oración
¡Óh María Madre de amor, de dolor y Misericordia!: atended a nuestras súplicas a favor de los que viven en el estado de Matrimonio. Conservadlos siempre en la dignidad de su estado conyugal, para que en él se santifiquen. Dadles abundantes gracias para cumplir sus deberes; que eduquen santamente a sus hijos velen por su inocencia, les alejen de todo peligro, y les conserven en la gracia del Señor. ¡Oh Virgen del Claustro!: proteged a las familias cristianas de Tarragona.
Y para más obligaros os saludamos con las deprecaciones siguientes. (ver anteriormente)
                                                                        DIA QUINTO

                                                                   María madre, de los sacerdotes

La Virgen María tiene singular providencia maternal sobre los sacerdotes, por la semejanza que existe entre la dignidad de María y la dignidad del sacerdote, y entre sus respectivas virtudes características.

           1. Considera la sublimidad de la dignidad sacerdotal sobre toda otra dignidad y oficio, y solamente comparable con la dignidad de María..
María con fecundidad sobrenatural y misteriosa, da carne humana al Hijo de Dios. También el sacerdote, con fecundidad sobrenatural y misteriosa, da el ser sacramental al mismo Hijo de Dios.
"Fiat mihi secundum verbum tuum est" dijo María: y al instante "Verbum caro factum est" el Verbo Divino se hizo Hombre. "Hoc est enim corpus meum" dice el sacerdote, y al instante el Hijo de Dios e Hijo de María se pone sobre el altar con el sacramento eucarístico. El Hijo de Dios hecho hombre, se pone en brazos de María; y el Hijo de Dios hecho hombre y hecho Eucaristía, se pone en manos del sacerdote. Porque María dio carne humana al Hijo de Dios, es llamada Madre de Dios; porque el sacerdote da el ser sacramental al Hijo de Dios, es llamado Padre de Cristo (S. Bernardo), y Creador de su Creador (S. Agustín).
María, porque es Madre de Jesús, tiene con Él contacto íntimo y constante; le sostiene en sus brazos, le asienta en sus rodillas, le viste, le acaricia. El sacerdote tiene contacto, no menos íntimo y más constante y de mayor duración, con Jesús Sacramentado: basta fijarse en las ceremonias de la Misa y demás actos eucarísticos.
María, porque es Madre de Jesús, ejerce sobre Él verdadera autoridad, y Jesús obedece. También el sacerdote, porque es sacerdote, ejerce autoridad verdadera sobre Jesús eucaristía.
¡Óh sacerdote! En María en María tienes viva semejanza de tu dignidad; en Ella, tienes tu gloria y tu honor. Mira como Jesús es tratado por María; imítala, ¡Oh devoto de María!; venera siempre humilde y devoto la dignidad del sacerdote como la venera humilde y devota la misma Virgen María.
              2.  Considera la virtud característica de la madre y del sacerdote: es el celo, hijo del amor, y coronado con el sacrificio. Sin él, ni la madre ni el sacerdote, no pueden cumplir los deberes inherentes a su dignidad.
La vida sacerdotal es vida de celo, Celo por la gloria de Dios, por los intereses de Jesús, por la expansión de su reino, que es la Iglesia, por la salvación de las almas. Celo Hijo de la caridad ardiente, que en su corazón enciende el trato íntimo y frecuente con Jesús. Celo coronado con el sacrificio: sacrificio de las comodidades, sacrificio del honor, sacrificio de la misma vida, si es necesario fuese.
María después de Jesús, es altísimo ejemplar de virtudes sacerdotales. Toda la vida mortal de María fue empleada en procurar la gloria de su Hijo; y en su vida gloriosa en el cielo se ocupa también en hacernos conocer a Jesús, en llevarnos a Jesus. Al celo por la gloria de Dios, por los intereses de Jesús, por el bien de la Iglesia y la salvación de las almas se ordenaron todos los sacrificios de su vida que culminaron en el Calvario, todas las preocupaciones y fatigas compartidas con los Apóstoles después de la fundación de la Iglesia, y toda la Mediación, constante y eficaz, ante el Altísimo en el cielo.
Sacerdote en Cristo: "He aquí a tu Madre". A un Sacerdote, San Juan dijo el Salvador estas palabras por vez primera, y refiriéndose a María. Y a María dijo el Salvador, refiriéndose al mismo sacerdote: " He aquí a tu hijo". Y desde entonces San Juan tomó por Madre a María, y María tomó por hijo a San Juan. Imita al discípulo amado y acude a María. Ama a la Virgen del Claustro, Madre especial de los sacerdotes de Tarragona.
Visítala con frecuencia, invócala sin cesar, inscríbete en su Cofradía y aprende de ella el modo de cumplir tus obligaciones sacerdotales. Pídele también que aumenten las vocaciones sacerdotales entre los hijos de Tarragona, y que todos ellos sean las más espléndida corona de su gloriosa maternidad humana.
(Medítese.....)
Jaculatorias. "La Madre de Dios es mi Madre".
Reina de los Apóstoles, rogad por nosotros y dadnos muchos y santos sacerdotes.
Obsequio. Tres actos de mortificación. Rogando por los sacerdotes.
Lectura histórica.
                                        Aparición de la Virgen del Claustro al Beato Nicolás Factor

Estaba este humilde Franciscano en el convento de Jesús, extramuros de Valencia, y vino a Tarragona a visitar y pasar unos días en compañía  de su buen amigo el Arzobispo de esta diócesis, alojándose en su palacio. Fue a la Catedral para celebrar misa y admirar las bellezas de nuestra Seo; y pasando por el Claustro se le presentó la Santísima Virgen, acompañada de San Francisco de Asís, Santo Domingo de Guzmán, san Vicente Ferrer, San Luis Beltrán y San Nicolás, Obispo, y le invitó a celebrar en su capilla. Accedió el devoto franciscano, y pasó con tan santa compañía a la respectiva sacristía, donde los celestes personajes ya citados le ayudaron a revestirse, dándole el cíngulo San Francisco y poniéndole la casulla Santo Domingo. Salió al altar y empezó la misa, durante la cual y en el momento de la elevación, quedó arrobado en sublime éxtasis.

                                                                                        Oración

¡Oh Virgen Soberana, Reina de los sacerdotes! Sed Vos su amparo en todo momento y en todo infortunio, confortadlos en sus desfallecimientos; alentadlos al sacrificio; conservadlos santos; haced resplandecer su dignidad. Avivad en las familias cristianas el santo deseo de tener hijos sacerdotes; despertad las vocaciones dormidas; sostened las vocaciones vacilantes; fortificad las vocaciones decididas. ¡Oh Virgen del Claustro! Dad a Tarragona y hacer surgir de Tarragona muchos y santos sacerdotes.
Y Para más obligaros os saludamos con las  deprecaciones siguientes  (ver anteriormente).

                                                                           DIA SEXTO

                                                   María, Madre de los que sufren tribulación corporal

      1. Nadie puede estar exento de tribulaciones corporales, las sufrió Jesús; las sufrió María. De ellas unas son particulares; otras, generales o públicas.

La pobreza y la enfermedad son el tormento de la mayor parte de los hombres, tormento que en algunos casos llega a la categoría de martirio por sus formas prolongadas, alarmantes y dolorosas.
La pobreza y la enfermedad: dos fuentes de dolor, que suelen hacer insoportable la vida presente y justamente califican de infantil ilusión la pretensión de ser feliz en la tierra.
La Virgen maría es el auxilio del pobre y del enfermo; Ella les da la fuerza y el consuelo que necesitan. Ella les hace sentir la eficacia santificadora que tiene las penas de la vida, y sabe inspirarles la resignación conveniente. Ella les recuerda que la pobreza y la enfermedad unas veces son castigo de pecados cometidos, y en este caso son un favor de Dios que nos castiga en este mundo para salvarnos después; otras veces son preservación de nuevas caídas, en la cual brilla también evidentemente la bondad del Señor, quién nos aflige para sostenernos; otras veces son para adquirir las virtudes que nos faltan, y ejercitarnos en ellas; siempre nos dan oportunidad de ofrecer a Dios digno homenaje de adoración, donación plena de los bienes y de sí mismo, como víctima que se destruye en su altar en reconocimiento de su grandeza, como acto ferviente y humilde adoración a la Majestad divina. La Virgen María, iluminadora de las almas, nos hace ver la preciosidad  de nuestras penas, y cuanto más nos interesan la pobreza y la enfermedad que las riquezas y la salud, a pesar de lo mucho que las riquezas y la salud nos deslumbran y engañan. Y así, María nos mueve a abrazarnos generosos con la Cruz del dolor, alcanzándonos para ello la fortaleza divina.
Devoto de María: ¿resistirás todavía a su acción confortante, impacientándote en tus sufrimientos?; ¿serás tan necio que por no aceptar con paciencia la cruz que el buen Dios te envía, cargues sobre tí otra cruz más pesada y más duradera, pues con tu impaciencia te privas de grandes méritos 3, haces más seguras y más duraderas las penas de) Purgatorio, de las que el Señor quiere librarte mediante los dolores de la pobreza y de la enfermedad?
¡Oh Virgen del Claustro, Madre de los pobres y Salud de los enfermos, confortadnos en los infortunios.

2. También afligen al hombre diversas calamidades públicas, como son las guerras, epidemias, sequías, hambre. persecuciones. De ellas unas son efecto de la malignidad de los hombres, o consecuencias de sus desórdenes, otras son meros fenómenos producidos por las leyes físicas dela naturaleza. Pero unas y otras están sujetas ala Providencia de Dios, quien las permite o en castigo de las iniquidades de los pueblos, pues aún las injusticias humanas suelen ser instrumento de la Justicia divina; o bien las permite y dirige para prueba de las personas santas; y también pueden ser justa vindicación de la naturaleza contra los pecados públicos y sociales, y contra los abusos de] hombre, quien en vez de servirse de los elementos naturales para glorificar a Dios y obedecerle, suele utilizarlos para más ofenderle. Sea la que fuere la razón por la que el Señor permite o dispone estas calamidades, siempre resultan pruebas de su Misericordia, porque como buen Médico sangra para curar, y como buen Padre castiga para corregir y salvar.

A María, que sufrió grandes tribulaciones públicas, debes acudir, cristiano, cuando te veas afligido por ellas. Su intervención santifica, porque nos hace entender que la tribulación, sea como sea, humilla, desprende, purifica y nos lleva a Dios.

A María. que sabe por experiencia propia cuanto se sufre en la persecución y otras calamidades, debes acudir en medio de la aflicción, porque Dios ha puesto en sus manos los tesoros de su Poder y de su Amor. Soberana de cielos y tierra ejerce poder de autoridad sobre todas las criaturas: Mediadora universal, tiene poder de intercesión ante la Majestad divina. Y por lo mismo, Ella puede calmar las tempestades, dominar los corazones de los hombres, reprimir la fuerza diabólica, y establecer por todas partes la tranquilidad, la serenidad y la paz. y con sus dulces consuelos restañar las heridas y restablecer el equilibrio deshecho por los trastornos de la naturaleza y por los torbellinos espantosos de las persecuciones y de las guerras. Devoto de la Virgen de¡ Claustro: "He aquí a tu Madre" pronta siempre a asistir y consolarte en la hora de la tribulación. La historia de tu divina Madre es la historia de la protección y auxilio en toda necesidad temporal. Si pudieran hablar tantas lágrimas vertidas en su Capilla, al pie de su Santa Imagen!;  ¡tantas oraciones fervientes brotadas de corazones torturados, al pie de esta fuente inexhausta de Misericordia! Cuando sientas el peso de ¡a tribulación corporal, sea la que fuere, acude a sus pies, fija tus ojos en los suyos, que dulcemente te miran, y rézale con fervor estas
Jaculatorias: "La Madre de Dios es mi Madre". ¡Oh María, esperanza nuestra, tened piedad de nosotros!.

Práctica, Hoy ofrecerás a María tus penas, y las sufrirás con paciencia, en favor de los pobres y de los enfermos de Tarragona.

Lectura histórica.

                                                          Favores de la Virgen del Claustro

D. Bernardo Verderol, notable escultor de esta ciudad, siendo joven, tuvo una gravísima enfermedad que le llevó a las puertas de la muerte. Estando ya sacramentado y desahuciado de los médicos, pidió que le pusieran sobre la cama uno de los vestidos que en aquel tiempo ponían a nuestra Virgen, e impetró su protección rezándole un Ave-María. Inmediatamente se sintió mejorado, y en pocos días se encontró bien de¡ todo, Quedó Verderol tan agradecido al favor que recibiera. que cuando más tarde se le encargó el diseño y construcción de¡ actual altar de la Virgen del Claustro, puso entre el camarín y la mesa del altar un bajo relieve representando su curación.

Una persona de esta ciudad se hallaba en la mayor pobreza, hasta el extremo que en cierto día no tenía ni un pedazo de pan que poder dar a sus hijos. El hambre. con todos sus horrores se había enseñoreado de aquel hogar. Había hecho toda clase

de gestiones para proporcionarse el alimento, y nada había conseguido; llamó a todas las puertas y éstas continuaron cerradas; había invocado todos los santos inútilmente: entonces, sintiéndose interiormente inspirada de ir a la Santa Capilla, fue enseguida, y, derramando abundantes lágrimas, suplicó a la Virgen del Claustro se apiadase de su triste situación. Terminada su plegaria, volvióse a su casa, y al entrar en ella encuentra sobre el dintel de la puerta una bolsita, que recogió sin quererla abrir, temiendo vio fuese una engañosa ilusión del mal espíritu, o alguna burla de Satanás, Vuelve inmediatamente a la Santa Capilla, con el fin de abrirla allí delante de Sagrada Imagen, corno lo hizo, encontrando dentro una dobla de oro, con algunos reales de plata. No se puede ponderar la súbita alegría que se apoderó de su alma, al verse así favorecida por la Virgen del Claustro.
(Obra citada, págs. 138 y 1861.

 

                                                                                ORACION

¡Oh María, Reina y Madre de Misericordia! Postrados ante vuestra Imagen del Claustro, a Vos acudimos confiados nosotros que vivimos desterrados. gimiendo, suspirando y llorando en este valle de miserias, Por todas partes cercados de tribulaciones, hemos de llevar la cruz del dolor.

Hemos pecado contra el cielo y contra Vos, sin haber hecho la debida penitencia; tenemos parte de responsabilidad en muchos pecados públicos que se cometen; justo es que suframos su castigo y experimentemos sus amargos frutos. Alcanzadnos de¡ Señor, oh dulce Madre nuestra, la gracia de soportar nuestros sufrimientos con espíritu de reparación y penitencia, para que nos purifiquen, nos unan con Dios y nos abran las puertas de ¡a gloria. Virgen Soberana, socorred a los pobres, curad a los enfermos, sostened a los perseguidos y salvadnos a todos. Amen.
Y para más obligaros... (pág. 6).

 

                                                                     DIA SEPTIMO

                                                   María, Madre de los que sufren tribulación espiritual

Muchas tribulaciones afligen el espíritu del hombre sobre la tierra.

1. El corazón humano ha nacido para amar, y en el amor debería encontrar reposo y felicidad. Pero no habiendo en esta vida gozo completo, es imposible amar sin sufrir. Ingratitudes, infidelidades de falsos amigos, desengaños amargos, ilusiones desvanecidas, el vacío de¡ corazón, aún poseyendo lo que con más ardor desea y con más fatiga busca. Cada uno sabe la verdadera historia de la vida afectiva de su corazón. Todos buscan la felicidad y nadie la encuentra, porque solamente el amor de Dios puede llenar el corazón humano; y aún en el mismo amor de Dios, sincero e intenso, no puede vivirse en este mundo sin heridas ni martirios dolorosos. que admirablemente explican almas tan inflamadas en la caridad divina como un 8 Francisco de Sales y una Santa Teresa de Jesús.

Otra aflicción de espíritu es el estado de lucha en la vida cristiana: las tentaciones. En los comienzos de nuestra vida somos enriquecidos con la gracia divina. La gracia divina es riquísimo tesoro del cielo, gloriosa conquista de la Sangre del Redentor, efusión misteriosa de la Divina Esencia, que transforma nuestra alma sin anular o destruir su ser natural. como no se destruye la esponja empapada en agua, como no se destruye el hierro candente, como no se destruye el agua por echar en ella esencias aromáticas.

Pero nuestro enemigo infernal quiere robar de nosotros este divino tesoro, este don de Dios. 0 por sugestión directa, o por los engaños del mundo, o por lo, estímulos de la carne, el enemigo no cesa de combatirnos. Y esta vida de incesante combate fatiga y aflige el espíritu con tanto más intenso dolor, cuanto más intenso es el amor que tiene a Dios y el deseo de la propia salvación.

2. A la lucha sigue no pocas veces, por la miseria humana, la triste caída, la humillante derrota, el pecado. ¿Qué es el pecado? Medítalo bien, f ¡el cristiano: es monstruosa ingratitud contra Dios Padre, es vil menosprecio de la Sangre de¡ Redentor, es profanación y abuso de los dones del Espíritu Santo. De tan grave mal viene la pérdida de la gracia divina, la deformidad asquerosa del alma, la esclavitud moral de la voluntad. el abatimiento que mata energías divinas, la pérdida de la paz interior, la ruina del orden espiritual, la más intensa atracción a nuevas caídas, porque un abismo llama a otro abismo. Estos efectos ha causado en tí el pecado mortal. Y después?; la perspectiva del infierno, si no acudes a la fuente de Misericordia. El pecado mortal es la más dolorosa aflicción del espíritu digno, que tiene fe verdadera y algún resto de amor de Dios y deseo de su propio bien.
¿Dónde hallar fuerza y consuelo en tan duras aflicciones del espíritu?

Levanta a María tus ojos. Ella es fuerza y dulzura de los corazones amargados en su vida de amor, porque Ella es la Madre del Amor Hermoso. Ella es la firme defensa y segura victoria de los tentados, porque Ella es la forjadora de los atletas de Cristo. Ella es, en fin, seguro Refugio de pecadores. Ella, que es todo amor y dulce robadora de corazones, hace sentir las dulzuras del amor de Dios que compensan las amarguras del amor mundano. Ella, Virgen poderosa más que un ejército en orden de batalla, es el más seguro muro de defensa para los luchadores. Ella, Virgen purísima y Madre de la divina gracia, alcanza al pecador el remordimiento, el arrepentimiento y el perdón de Cristo, quien se lo ofrece generosamente por el Sacramento de la Penitencia, reconciliando así al pecador con Cristo, como cariñosa madi e que hace las paces entre dos hermanos que se han peleado.

Devoto de la Virgen del Claustro: en las penas, en las luchas y en las derrotas de tu alma, he aquí a tu Madre!; acude a Ella, invócala. En Ella hallarás ayuda, fuerza y perdón.

Jaculatorias. "La Madre de Dios es mi Madre". "María, Madre dolorosísima de todos los cristianos, rogad por nosotros».

Práctica. Rezarás 5 veces la Salve Regina, con los brazos en cruz, pidiéndole a María la conversión de los pecadores.

Lectura histórica.

                                                  María excita el arrepentimiento de un sacrílego

Un sujeto, de porte distinguido, visitó al P. Antonio Mas, S. J., pidiéndole que le oyese en confesión; y habiendo accedido el P. Mas, se confesó con grandes muestras de arrepentimiento y le contó lo que sigue, autorizándole para hacerlo público a honra y gloria de la Virgen del Claustro, El referido sujeto hacía por lo menos veinte años que confesaba y comulgaba sacrílegamente, callando por vergüenza tina ¡lícita correspondencia que mantenía. Lo particular de ello es que durante este tiempo sentía deseos de confesar su pecado y corregirse de él, mas cada vez que lo había intentado se había sentido sin fuerzas. Para conseguirlo, había practicado muchas diligencias, encomendándose a varios Santos y personas piadosas, para que rogasen a Dios por él, pero todo inútilmente. Con igual fin, había visitado también los Santuarios más célebres de Catalunya, incluso el de Montserrat; mas cuando trataba de confesarse y descubrir aquella mala correspondencia, parecía qua le detenían y que le ataban la lengua, sobreviniéndole un rubor que no acertaba a explicar.

Mas, habiendo llegado aquel mismo día. parece que casualmente, a la Santa Capilla, se arrodilló delante de la Virgen del Claustro, pidiéndole su ayuda para salir del estado infeliz en que se hallaba, y al instante mismo que lo hizo, sintióse tocado de un tan vivo dolor de su pecado, que sin descanso resolvió ir a encontrar al indicado Padre, para hacer con él una buena confesión general

(Obra citada, pág. 184)

                                                                                ORACION

¡Oh Madre de Dios, única esperanza mía! Ved postrado a vuestros pies un pecador miserable que implora vuestra misericordia. A una voz la Iglesia os llama Madre de pecadores. Si lo sois, a Vos acudo Vos debéis salvarme. Bien sabéis lo mucho que vuestra Hijo amantísimo desea mi salvación, y lo mucho que por salvarme padeció. Hoy os ofrezco todos sus dolores y fatigas... Dad a conocer a todo el mundo lo mucho que me amáis favoreciéndome. Dad la mano a un pobre caído, digno de compasión. Porque soy pecador, pido misericordia. No la neguéis ni a mí, ni a mis hermanos caídos en pecado" (S. Alfonso M.' de Ligorio).

¡Oh Virgen de¡ Claustro!, convertidme a mí y a todos los pecadores.

Y para más obligaros... (pág. 6).

                                                                     DIA OCTAVO

                                                 María, Madre de los que llegan al término de la vida

1 . El término normal de la vida es la muerte precedida de la vejez.

No todos llegan a la vejez, a pesar de que todos ambicionan larga vida. Tú no subes si llegarás a viejo, por más que suspires y te esfuerces en prolongar el tiempo de tu existencia; porque tus días no están en tus manos, sino en las manos de Dios, tu Creador. Pero si Dios atiende a tus deseos y quiere coronarte con la corona de la ancianidad, ¿qué será de ti?

La vejez es ciertamente un honor; y Dios más que nadie honra esta época de la vida humana. Es Dios quien manda con firmeza que se venere a los ancianos. Es Dios quien severamente reprende y duramente castiga las faltas de respeto a los vitjos. Pero, en triste contraste con esta divina aureola de venerabilidad, ¡cuántas miserias afligen el corazón de los pobres ancianos!

Miserias corporales, que insensiblemente le reducen a la primitiva condición de infante que tiene ojos y no ve, tiene oídos y no oye, tiene lengua y no sabe hablar, tiene brazos y pies y no puede trabajar, ni andar, ni siquiera sostenerse firme, necesitando que otros le ayuden y acompañen.

Aflicciones de] corazón, desengaños amargos de la vida; frialdad en el corazón de todos, aún de los suyos; remordimientos de un pasado inútilmente transcurrido, de un precioso tiempo perdido para el cielo; presentimientos de un triste porvenir que le aplastan al percibir el eco siniestro de aquellos palabras del Espíritu Santo: "Lo que no has sembrado en el tiempo de la juventud, cómo quieres recogerlo en la vejez?"

No todos llegan a la vejez; pero todos llegan a la muerte. De ella nadie se dispensa. Tú llegarás a la muerte, aunque de la muerte quieres olvidarte y huir. Y llegarás a la muerte cuando menos lo pienses, tal vez en plena salud, y en floreciente juventud.
2. Y cuando llegues a la muerte, ¿qué sentirás? Remordimiento de pecados pasados, de aquellos pecados que ahora cometes con tanta ilusión y locura; pesar de tiempo miserablemente perdido para el cielo; dolores agudos de enfermedad y de agonía; angustias de espíritu que destrozan; violencia de la durísima lucha entre la vida que se escapa y la muerte que domina; peligrosas tentaciones de desconfianza; incertidumbre de un porvenir que no tendrá fin, porque la muerte es la llave de oro que cierra la puerta del tiempo, abre la puerta de la eternidad, y jamás corno entonces verás con toda claridad que las palabras muerte, juicio, infierno, gloria, no son palabras vacías de sentido, sino llenas de realidad, que seguramente no meditas bastante.

Después de la muerte serás juzgado... Si entonces estás en pecado mortal, serás condenado para siempre. Si entonces estás en gracia de Dios, serás salvado, previo tal vez un tiempo de expiación y purificación en el Purgatorio. ¿Qué será de ti en el momento de la muerte? ¿Tendrás entonces la  fuerza y el consuelo de Cristo por los Sacramentos y por las oraciones del Sacerdote? No lo sabes.

Ante un cuadro tan sombrío, no te olvides de María. Ella es tu Madre. Si llegas a la vejez, Ella será tu báculo que te sostenga, y el paño de lágrimas que te consuele y anime. En la hora de la muerte hará sentir en tu alma la dulzura de] perdón, la fuerza en las luchas, la confianza y aún seguridad de un feliz porvenir. En tus desfallecimientos te mostrará su faz serena y risueña, como te la muestra ahora en su imagen de¡ Claustro. Muerto ya, Ella te acompañará al juicio, porque tu juez es Hijo suyo. Si vas al Purgatorio, aún allí te hará sentir la ternura de su corazón de Madre, y allí llegará el rocío de la Sangre de Cristo por los sufragios que te enviará la Cofradía de] Claustro, si eres Cofrade, porque María ejerce también Soberanía en el Purgatorio, consolando y librando de aquellas penas a sus devotos, y llevándolos más pronto a la gloria.

Devoto de la Virgen de¡ Claustro: He aquí a tu Madre. Tenla por Madre en vida, y lo será igualmente en la hora de la muerte.

Jaculatorias. "La Madre de Dios es mi Madre". Santísima Virgen María, rogad por mí, pecador, ahora y en la hora de mí muerte.

"María, Madre de Dios y Madre de Misericordia, rogad por nosotros y los difuntos,
Práctica. Hoy tratarás con la mayor amabilidad posible a la persona que te sea más antipática o molesta, ofreciendo a Dios sacrificios en favor de los que se hallan en agonía.

Lectura histórica.

                                                                  La Pía Unión de Sufragios

A fines del siglo XIX, el sabio y piadoso capitular de nuestra Catedral, Iltre. Sr. D. Juan Corominas, viendo cómo por el resfriamiento de la caridad iban disminuyendo las misas que en tiempos más felices acostumbraban los fieles maridar celebrar en sufragio de sus difuntos, proyectó establecer en la Capilla de la Virgen una sociedad que debla titularse Pía Unión de sufragios en favor de las Almas del Purgatorio. Al efecto, dirigió una instancia al Prelado, junto con el Ilustre D. Tomás Sucona, Canónigo, y el Rvdo. D. José Gasia, Profesor del Seminario; y el Excmo. y Reverendísimo Sr. D. Tomás Costa y Fornaguera, Arzobispo entonces de nuestra Diócesis, por Decreto de 20 de Diciembre de 1897, estableció en la Santa Capilla tan caritativa Asociación, considerándose como ramificaciones de la misma las que del mismo tenor se establecieron luego en otras iglesias o poblaciones de la Diócesis. Más tarde, en 26 de Mayo de 1908, dicha Pía Unión fue agregada a la Archicofradía de la Asunción para ayudar a las Almas del Purgatorio, instalada en Roma en la Iglesia de Santa María en Monterano, con lo cual se consiguió que los inscritos en la Pía Unión gozaran de las cuantiosas gracias y privilegios con que está enriquecida la mentada Archicofradía.

Esta Pía Unión, además de fomentar las oraciones y actos de piedad en favor de las Benditas Almas, recoge limosnas, y con ellas, a voluntad de los donantes, funda misas perpetuas o encarga otras en concepto de manuales en favor de algún difunto determinado o de las almas del Purgatorio en general. En virtud de la referida agregación, el altar de la Virgen del Claustro resulta perpetuamente privilegiado, esto es, en todas las misas que en dicho altar del Claustro se celebran se saca un alma del Purgatorio. Además de lo cual todas las personas que con sus limosnas contribuyan a la celebración, participan de las penitencias, oraciones y obras buenas de casi todas las Ordenes y Congregaciones religiosas del mundo.

No deja de llamar la atención el que se estableciera en la Capilla de la Virgen la Pía Unión de Sufragios, que en sí no tiene carácter mariano, Esto es un designio providencia] de la Señora, porque siendo María Santísima la principal abogada de las Almas del Purgatorio, la Virgen del Claustro no quiso que faltara en su Capilla una Obra destinada a aliviar sus sufrimientos.
 

                                                                            ORACION

¡Oh Virgen Madre de¡ Claustro, dulce Madre de Misericordia! Compadeceos de mí cuando llegue al término de mi vida. Cuando me sienta falto de fuerzas, rodeado de sufrimientos y amargado por los desengaños, no me abandonéis, oh Madre mía, antes vuestro amor me sostenga, me conforte y me anime. Al .llegar mi última hora, en aquellos duros combates, alcanzadme más dolor de mis pecados, las gracias singulares de] Viático y de la Extremaunción, el más completo abandono en las manos de Dios, la más generosa y perfecta aceptación de la muerte. Entre los vivos dolores del Purgatorio, haced llegar sobre mí el fresco rocío de vuestro amor materna]. Habéis sido mi Madre en vida, sedlo también en la hora de mi muerte,

Socorred también a vuestros hijos de Tarragona cuando se hallen en este trance. Convertidles, salvadles. Amen.

Y para más obligaros... (pág 6).

 
 
                                                                      Dia Noveno
                                                      La Maternidad de María y la gloria del cielo

En el cielo es el ideal de nuestra vida, el término de nuestras aspiraciones, la recompensa de nuestros afanes, la corona de nuestras luchas, el triunfo de nuestras victorias.

Necesitas ir al cielo. Lo reclaman tus naturales aspiraciones a la felicidad, aspiraciones que Dios a infundido en tu corazón y no puedes satisfacer en la  vida presente. ¿cómo hallarás vida feliz en la región de la muerte?
Estás destinado al cielo. Te lo dice el catecismo. "Dios te crió para conocerle amarle y servirle en esta vida y después verle y gozarle en la otra".
Es muy justo y razonable que vayas al cielo. Allí está Dios, tu Padre. Eres hijo de Dios, y heredero de Dios, y la herencia de Dios es el cielo. Allí está Jesucristo. Por el Bautismo, eres miembro de Cristo, y los miembros no deben separarse de su Cabeza, mientras forman un cuerpo vivo. Allí está el Espíritu santo, Amor substancial del padre y del Hijo. Centro de atracción divina de las almas; no debes separarte de este Centro. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo está igualmente en la tierra por razón de su inmensidad; pero en el cielo es donde se manifiesta en nuestras almas cara a cara, con toda claridad, sin enigma y sin sombras, para hacernos plenamente felices. En el cielo está la Virgen María; eres hijo de María, y no es justo ni razonable que los hijos estén separados de su Madre. Debes ir al cielo.
Si no subes al cielo, frustrarás los planes de Dios, quedarán sin objeto las ansias de tu corazón, serás un hijo separado de tu Padre, un miembro separado de la cabeza, un corazón separado de su Centro y falto de la vida del amor; si no vas al cielo, harás inútil para ti, la Sangre del Redentor y los suspiros, las lágrimas y los martirios de tu Madre, la Virgen María.
Devoto de la Virgen del Claustro: al contemplar piadosamente la santa Imagen, recuerda estas grandes verdades: María sostiene en sus brazos al dulcísimo Jesús, tu Redentor. Por ser Jesús tu Redentor, eres miembro suyo,  y en Él estás representado y contenido; con los demás redimidos formas un Cuerpo místico, del cual Él es la cabeza. Si Jesús y María están en el cielo, allá debes ir tú, y con Ellos vivir eternamente.
Por María debes llegar a Jesús. Con María debes gozar de Jesús. Los de Tarragona hemos de ir al cielo por la Virgen del Claustro, porque Dios nos ha dado a María por Madre bajo aquella advocación.
¡Que gozo sentirás en el cielo, devoto de la Virgen del Claustro, cuando al contemplar la Divina Esencia, verás en ella como en espejo clarísimo, la preciosidad de María, su divina hermosura, su excelsa Santidad, su universal Soberanía! Y al descubrir particularmente sus prerogativas y virtudes, admirarás todo el heroísmo y la delicada ternura de su Amor de Madre. ¡Cómo te amó, aún sin merecerlo; cómo te mimó y protegió desde la cuna al sepulcro, y desde el sepulcro a la gloria, salvándote en los peligros, arrancándote de los abismos del pecado, confortándote en las tentaciones, concediéndote muerte tranquila, socorriéndote en el Purgatorio, hasta introducirte en la gloria!
Así la Virgen del Claustro será tu honor, tu gloria y tu dicha en el cielo. Lo fue en el destierro, más lo será en la patria.
Ámala siempre a la Virgen del Claustro; venérala con culto devoto y ferviente; visítala con frecuencia en la capilla; inscríbete en su Cofradía, que es su familia que es su familia predilecta; seas de María en vida y en muerte, y lo serás también en la eternidad.
Jaculatorias: "La Madre de Dios e mi Madre".
Corazón dulcísimo de María, sed mi salvación.
Práctica. Rezarás cinco veces la Salve Regina, con los brazos en cruz, pidiendo a la Virgen del Claustro, que no sea condenado al infierno ni uno de los hijos y habitantes de Tarragona.

                                                        La Coronación de la Virgen del Claustro

La Coronación Canónica es la suprema distinción concedida por la Santa Sede a las imágenes de la Virgen María que gozan de mayor estima por su antigüedad, por su mérito artístico, por el culto popular que se las tributa y por los prodigios obrados en favor de los devotos que ante ellas piden la protección de la celestial Reina.

Convencidos los tarraconenses que en esta imagen de su Patrona concurrían las circunstancias convenientes para solicitar el privilegio de la Coronación, se hicieron un deber tributarla tan precioso homenaje.
La primera iniciativa partió de la Congregación Mariana de la ciudad, dirigida por los Padres Jesuitas. De acuerdo con el Excmo. Arzobispo Doctor Costa y Fornaguera y el Excmo. Cabildo Catedral, solicitaron la gracia al Sumo Pontífice Pio X quién acogió benignamente tan piadosos deseos.
La ceremonia tuvo lugar el día 9 de Julio de 1911, con esplendor y pompa nunca vistos ni superados en Tarragona. Las coronas de la Virgen y del Niño, eran riquísimas, y expresión del filial cariño de todos los tarraconenses, que las costearon con sus limosnas. Fueron colocadas en las sienes de la Virgen y del Niño por el Excmo. Arzobispo, acompañado de los Excmos. Obispos de Vich y de Lérida, y en presencia de todas las autoridades y numeroso pueblo, que en aquel momento prorrumpió en estruendosos vivas y aplausos repetidos por el eco de las bóvedas, que ahogaban el estampido de los morteretes y los acordes de la marcha real ejecutada por las bandas de música militares.
Por la tarde en solemnísima Procesión, fue acompañada en triunfo la Santa Imagen por las calles de la ciudad, tomando parte el pueblo entero, y asistiendo también numerosas representaciones de otros pueblos del Arzobispado y de las Congregaciones Marianas de Barcelona, Lérida, Valencia, Mallorca y Zaragoza.
Fueron actos emocionantes, cuy esplendor aparece empañado por los sectarios de la revolución roja de 1936, que sacrílegamente robaros estas coronas, expresión del amor de Tarragona a la Virgen del Claustro.
Los tarraconenses no consintieron que la venerada Imagen quedase sin corona. Un ferviente devoto de la Virgen del Claustro ofreció una hermosa corona adornada con varias piedras preciosas. Pero además se organizó una suscripción popular para ofrecer a la Virgen una corona riquísima con la aportación de limosnas y de ricas joyas. Los fieles respondieron al llamamiento, y pudo fabricarse una corona riquísima de plata, oro y extraordinario número de piedras preciosas de varias clases y de inestimable valor.
El acto de la recoronación se celebró en solemnidad extraordinaria el día 25 de Julio de 1944.
Después de una función religiosa, devotísima y espléndida, el Iltmo. Y Rdmo. Administrador Apostólico del Arzobispado Dr. D. Salvador Rial, colocó en las sienes de la Santa Imagen la nueva corona.
Asistieron al acto las primeras autoridades de la ciudad y provincia, juntamente con todas las jerarquías, entidades y fuerzas vivas y numerosísimo pueblo que manifestó su entusiasmo con fuertes aplausos y sentidos vítores a la excelsa Reina, que en tan solemne acto vió reparadas las sacrílegas profanaciones de que había sido víctima por parte de los rojos.
                                                                                   Oración
¡Oh Virgen y Madre de Dios! Yo me ofrezco por hijo vuestro, y en honor y gloria de vuestra pureza, os ofrezco mis ojos, mis oídos, mi lengua, mis manos, en una palabra, todo mi cuerpo y mi alma, y os pido la gracia de no cometer jamás ni un pecado mortal. Amén.
Madre, aquí tenéis a vuestro hijo. Madre, aquí tenéis a vuestro hijo. Madre, aquí tenéis a vuestro hijo. En Vos Madre mía, he puesto mi confianza, y jamás seré confundido.
Y para más obligaros os saludamos con las siguientes deprecaciones (ver anteriormente).
                                                                    Súplicas a la Virgen del Claustro

Virgen Purísima del Claustro, concebida sin pecado y llena de gracia en todos los instantes de vuestra vida; concedednos la victoria triunfal contra los enemigos de nuestra alma. Ave María.

Madre dulcísima del Claustro, que habéis dado al mundo a Jesús, Hijo de Dios, Salvador nuestro: hacednos la gracia de vivir siempre con dignidad de verdaderos cristianos. Ave María.
Reina gloriosísima del Claustro, Señora de cielos y tierra y patrona singular de esta ciudad de Tarragona: amparadla  y defendedla bajo las alas de vuestro corazón misericordioso. Ave María...Gloria Patri...
 
                                                                        (300 días de indulgencia cada vez, rezándolas ante su Imagen)